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CRITICA
Por: PACO CASADO
Se tomó la popular canción de igual nombre para hacer una película de mero entretenimiento para el público y tener así también asegurada la taquilla.
De la letra de la canción se saca la siguiente historia.
Jean-François y su amiga Catherine trabajan en una agencia de publicidad donde van a firmar un jugoso contrato con la empresa de lavandería Floc, que necesita una auténtica lavandera portugusa para lanzar al mercado una lavadora moderna.
En su búsqueda parten del país lusitano los dos agentes publicitarios y tras muchas peripecias consiguen encontrarla y convencerla.
Pero se pelean y se separan, yéndose ella de la agencia.
Catherine se une a una casa competidora mientras que por su parte Jean-François sigue trabajando en el expediente de Floc con la exitosa canción Las lavanderas de Portugal.
Como eran poco conocidos Jean Claude Pascal y Anne Vernon, aunque a esta última se le recordaba como la Carmen de 'La mujer más guapa del mundo' (1955), se metió en el reparto de la película a la española Paquita Rico en el personaje de la lavandera portuguesa.
Sigue esta cinta la línea del humorismo caricaturesco, los tiempos convencionales que vivimos, resultando a veces reiterativa.
El guion, escrito por Pierre Gaspar-Huit, Pierre Lary y Jean Marsan, está construido demasiado a retazos, por lo que peca de falta de una mejor elaboración, mientras que los buenos detalles y grandes ideas, se mezclan con ingredientes que son vulgares e incluso algo chabacanos.
Algunas escenas resultan reiterativas, alargando en exceso la parte central del film, y el desenlace carece de originalidad y de talento, lo que hace que defraude tras un arranque que en principio prometía, en las primeras escenas que se desarrollan en París.
La dirección conjunta de Pierre Gaspard-Huit y Ramón Torrado es endeble, confiando demasiado en que los actores saquen la cinta adelante.
No obstante destacan escenas bien conseguidas, como la canción colectiva en la casa de pisos y en cambio otras que están mal llevadas, como la de los bailes populares.
Hay veces que el Dyaliscope se desborda en toda su grandeza mientras en otras la gran pantalla pesa como una losa sobre la agilidad de la película.
La interpretación se salva en líneas generales, menos Paquita Rico que está deficiente de imagen y mal de voz, porque no se puede pensar que una mujer que habla un andaluz cerrado, pronuncie el castellano como una portuguesa que chapurrea el francés
La fotografía es excelente, casi siempre, Juan Mariné se ha amoldado al formato grande, después de su experiencia en 'La gata' (1956) y manifiesta dominio de este sistema, servido de un estupendo Eastmancolor que recoge bellos paisajes y rincones del vecino país de Portugal
La música compuesta por André Popp es correcta y se adapta bien a las necesidades de la historia.
En definitiva no se trata más que de un pasatiempo sin más trascendencia.
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