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INFORMACIÓN
Titulo original: Miss Sloane
Año Producción: 2017
Nacionalidad: EE.UU., Inglaterra
Duración: 132 Minutos
Calificación: No recomendada para menores de 12 años
Género: Drama
Director: John Madden
Guión: Jonathan Perera
Fotografía: Santiago Racaj
Música: Maite Arrotajauregi
FECHAS DE ESTRENO
España: 19 Mayo 2017
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
Entertainment One


SINOPSIS

En el mundo de la política de alto nivel Elizabeth Sloane se mueve como pez en el agua, siendo la más buscada gracias a un historial exitoso y a su gran astucia. Ahora le ha salido un fuerte competidor por lo que puede llegar a tener que pagar un alto precio para seguir en la cúspide...

INTÉRPRETES

JESSICA CHASTAIN, GUGU MBATHA-RAW, MARK STRONG, JOHN LITHGOW, ALISON PILL, MICHAEL STUHLBARG, JAKE LACY, SAM WATERSTON, DOUGLAS SMITH, DYLAN BAKER

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LA PRODUCCIÓN...
   El guion de EL CASO SLOANE, una tensa historia llena de giros sobre una persona poderosa e influyente de Washington obsesionada con la victoria, sorprendió al realizador John Madden con el retrato tan minucioso que ofrecía de una industria que permanece envuelta en el más absoluto misterio. “Aunque tenía una idea general sobre en qué consistía su trabajo, no sabía exactamente qué hacía un representante de lobby, e imagino que muchas otras personas se encontrarán en la misma situación”, explica Madden, alabado director de películas tan diferentes como “Su majestad Mrs. Brown”, “La deuda” y la ganadora del Óscar “Shakespeare in love (Shakespeare enamorado)”. “El guion era inteligente, inesperado y muy satisfactorio. Está ambientado en un mundo en el que todo es estrategia. El lenguaje natural de los personajes es la ironía y las indirectas, lo que da como resultado una película sumamente inteligente, así como muy divertida y sorprendente. El arma más importante que posee el guion es que nunca acaba exactamente donde crees que va a acabar”.
  Los representantes de lobbies son profesionales de élite de la comunicación, que se ganan la vida influyendo en los encargados de tomar las decisiones en el mundo, entre ellos los legisladores más poderosos de Estados Unidos. Misteriosos, reservados e increíblemente poderosos, ni siquiera están claros los orígenes del propio término, aunque algunos consideran que lo acuñó el presidente Ulysses S. Grant para referirse a representantes de intereses especiales que esperaban para asediarlo en el vestíbulo del hotel Willard.
  “La película desafía todo encasillamiento”, opina Madden. “Es a la vez un drama político, un thriller impredecible que depara sorpresas constantes, destapa también un mecanismo muy poco estudiado y menos aún entendido del proceso político y, sobre todo, es un estudio fascinante de un personaje extraordinario y obsesivo, definido tanto por su inteligencia y habilidad como por su género. Y lo más inesperado de todo es su retrato de la vida emocional de una heroína que se niega a aceptar siquiera la existencia de la misma”.
  “La película trata sobre un objetivo político aparentemente inalcanzable”, prosigue Madden. “Es un asunto que se ha negado tercamente a ceder a cualquier tipo de presión legal. Examina las numerosas tácticas que emplean los representantes de lobbies para influenciar a la gente. El quid de la película consiste en intentar superar obstáculos insalvables, y está movida por Elizabeth Sloane. Es implacable y emplea tácticas que pueden causar cierto asombro. Rara vez se detiene a descansar. Es totalmente obsesiva, y las personas obsesivas son muy interesantes de ver en el cine”.
  Madden quedó especialmente sorprendido por el guionista Jonathan Perera. Perera es un abogado educado en Gran Bretaña, que abandonó el ejercicio de su profesión para probar suerte como guionista, y no había escrito nunca antes ningún guion ni había pasado mucho tiempo en EE. UU. “Esperaba a un fanático del cine de Santa Mónica gallito y sabelotodo”, comenta el director. “Pero no es para nada así. Es muy culto en materia de cine, e increíblemente franco, inteligente y directo, sin la actitud que podría conllevar un debut tan precoz”.
  Perera vivía en Corea del Sur, enseñando inglés en una escuela de primaria, cuando empezó a prepararse para escribir su primer guion. En vez de inscribirse en una escuela de cine, leyó tantos guiones como pudo conseguir. “Leía las primeras 60 páginas de un guion, y entonces me ponía a pensar en cómo lo acabaría. Por la noche, leía las últimas 60 páginas del guion y veía qué tal lo había hecho”.
  Una entrevista que escuchó en BBC News le proporcionó el germen de la idea que necesitaba para empezar. “Se trataba de un tipo llamado Jack Abramoff”, recuerda. “Era un representante de lobby al que habían encerrado en prisión por algo que había hecho mal. No sabía gran cosa sobre la industria de los lobbies, pero sabía que podía ser una base estupenda para una película. Me parecía que no habíamos visto un estudio sobre el tráfico de influencias y poder que se mueve entre bastidores en Washington”.
  EL CASO SLOANE lleva a los espectadores a las salas de conferencias insonorizadas de una industria que mueve miles de millones de dólares, pero que tradicionalmente pasa desapercibida. “Me interesaba explorar cómo hacen uso de su poder”, explica Perera. “Es una especie de intersección entre la política y el espionaje. Se ciñen al máximo posible a los límites de lo legal para presionar a los representantes. Y no siempre logran mantenerse dentro de la ley. Quería llevar a un representante de lobby al límite de la legalidad y ver adónde iba la historia”.
  Perera logró que su guion llegara a manos de Ben Browning, copresidente de producción y adquisiciones de FilmNation Entertainment. “Me enviaron un guion de un guionista que no conocía”, recuerda Browning. “Era lo primero que había escrito en su vida y era genial. En poco más de un año, la película estaba hecha. En mi experiencia, eso no pasa nunca en Hollywood”.
  Browning quedó impresionado por la fuerza de la escritura y la originalidad de la narración. “Resulta apasionante desde el primer momento, uno de esos guiones que te acabas de un tirón”, explica. “Tiene elementos de thriller, drama y política, pero, por encima de todo lo demás, es un gran estudio de un personaje. Es una visión amena y trepidante de uno de los aspectos menos conocidos de la política, con un espectacular papel femenino principal. Y no se trata de un papel de mujer que se defina por nada convencionalmente femenino. No es una esposa, no es una madre. Sloane podría haber sido un hombre, pero al convertirla en una mujer en un mundo de hombres, consigue que el personaje resulte mucho más rico”.
  Madden y Perera pasaron varias semanas juntos en Londres documentándose sobre los fundamentos políticos y procedimentales de la historia, antes de que Perera se pusiera a rehacerla. “Ya era un guion muy sólido”, asegura Madden. “Simplemente hacía falta profundizar en él y darle algo más de cuerpo. Jonathan y yo estamos bastante informados sobre el procedimiento político estadounidense, pero tampoco somos expertos. No queríamos empezar a explorar las cosas en el aspecto creativo sin saber si pisábamos terreno firme en lo que a los hechos se refiere”.
  Perera quedó impresionado con la aguda comprensión de la historia que exhibía Madden desde la primera vez que hablaron. “Es muy complicada de dilucidar”, explica. “Hay muchos argumentos, muchos hilos que seguir, muchos matices a tener en cuenta, pero John lo entendió por completo. Por encima de todo, sabía lo que pensaba cada uno de los personajes. Buena parte de reescribir la película consistió en sentarme con él y hablar de cómo debían evolucionar los personajes a lo largo de la historia. En el primer borrador del guion, Elizabeth siempre iba dos pasos por delante de todos los demás y nunca se encontraba en una situación especialmente vulnerable. Continuar desarrollando algunas de sus relaciones nos proporcionó muchos más matices con los que trabajar”.
  El personaje central del filme, Elizabeth Sloane, es una dinámica representante de lobby que trabaja para una firma de alta categoría con una reputación muy sólida. “Es lo que podría llamarse una representante de lobby del lado oscuro, lo que significa que está dispuesta a utilizar métodos éticamente cuestionables para conseguir los objetivos de su cliente”, explica Perera. “La conocemos en un momento de su vida en que está a punto de derrumbarse. Rechaza una oferta lucrativa para evitar la aprobación de un controvertido proyecto de ley y en vez de eso se pone a trabajar para la oposición”.
  La legislación en cuestión es el proyecto ficticio de ley Heaton-Harris, un proyecto bipartito que propone una legislación más estricta para el control de las armas de fuego. “Pero el asunto de la legislación de las armas de fuego no es el tema en sí de la película”, señala el productor Kris Thykier. “Se trata de una película apasionante ambientada en el mundo de los asuntos de gobierno y los lobbies. Jonathan situó una cuestión emotiva en el centro de la misma, pero podría haber sido otra distinta. La brillantez de los diálogos y el humor que hay detrás sirven para poner al día nuestro concepto del género, creando algo al mismo tiempo accesible y entretenido. La lucha de Elizabeth Sloane por alcanzar su objetivo a toda costa y su capacidad para jugar con las vidas de los demás resultan fascinantes de ver”.
  La película arranca durante una vista del Senado que estudia la ética de los actos de Liz Sloane. Mientras el comité interroga a Sloane y a los demás testigos, la acción retrocede para mostrar las circunstancias que la condujeron hasta ese punto. “El auténtico reto era hacer una película tan verbal”, comenta Madden. “Los diálogos son inteligentes y muy rápidos, lo que hacía que el guion resultara estimulante de leer. Pero una historia sobre una serie de personas hablando necesita justificar su existencia como película y buscamos maneras de trascender eso”.
  Madden ideó, en colaboración con Sebastian Blenkov, su director de fotografía, un enfoque cinematográfico para esta obra tan verbal. El impulso y la inmediatez de la historia eran las piedras de toque de este enfoque, que se desarrolla a un ritmo de rodaje fluido que permitía la coexistencia de varias ideas e hilos narrativos. Eso se siguió elaborando posteriormente en la estrategia de montaje, en la que Alexander Berner exteriorizó los patrones de pensamiento de Elizabeth, yuxtaponiendo y reorganizando constantemente causa y efecto. En palabras de Madden: “La historia se desarrolla en ráfagas de energía apresurada y cargada de adrenalina, interrumpida por momentos de inmovilidad y silencio, cuando se abre el vacío que hay tras la obsesión del personaje y amenaza con devorarla”.
  Browning tenía fe en que Madden mantendría la acción en marcha y la atmósfera dinámica. “John Madden es sencillamente un realizador excelente”, afirma. “Lo pongo en la misma categoría que Ang Lee o Stephen Frears. Lo que lo define es el hecho de hacer buen cine, punto. No se pueden trazar necesariamente líneas de continuidad entre sus obras, más allá de que le atraen claramente los buenos dramas, consigue sacar interpretaciones increíbles y sus películas poseen textura y un sentido del lugar”.
  “La película transportará a los espectadores a un mundo que tal vez pensaban que conocían, pero que es mucho más complejo de lo que jamás imaginaron”, explica Thykier. “Te sentirás atraído por ese personaje carismático, fascinante y a menudo oscuro, y por la pura satisfacción de una historia bien contada”.
  “La historia está ideada para ser una experiencia emocionante que mantenga en todo momento en vilo a los espectadores”, comenta Perera.  “Las películas sobre política no tienen por qué ser sosas y acartonadas”, agrega. “Los espectadores no sentirán que los están sermoneando ni tratando con condescendencia, sino que intentarán anticiparse a lo que va a suceder y se quedarán tan pasmados como los propios personajes. El entretenimiento también puede ser estimulante intelectualmente, puede suscitar un debate, pero ese no es aquí el único objetivo. El objetivo es ofrecer a los espectadores una montaña rusa de emociones con una heroína extraordinaria”.

   Con un guion extraordinario y un director de reconocido prestigio, el equipo responsable del proyecto encontró escasas dificultades para atraer a un reparto estelar para poblar el mundo de EL CASO SLOANE. “Era una película fantástica para realizar un casting”, opina Madden. “Contiene la clase de diálogos sólidos e intensos que los actores están deseando decir. En cuanto leían el guion, querían hacer la película”.

  Para el papel central de Elizabeth Sloane, el equipo responsable del proyecto eligió a la actriz nominada al Óscar en dos ocasiones Jessica Chastain. Sloane es una agresiva inconformista que juega con las reglas y no tiene más interés que ganar para sus clientes, sean quienes sean. Es un lobo solitario hasta la médula, siempre un paso por delante de sus adversarios y a veces incluso de su propio equipo. Pero Sloane está empezando a darse cuenta del precio que paga por la vida de adicta al trabajo que lleva.
  “Jessica Chastain es una de las mejores actrices de su generación”, afirma Browning. “Ya ha creado toda una serie de personajes inolvidables. Es rapidísima con los diálogos, veloz de reflejos y no deja nunca de pensar. Todo eso era esencial para el papel, porque Sloane es toda una experta manipuladora, que no deja de mover los hilos a lo largo de toda la película”.
  Madden y Chastain ya habían trabajado juntos en el thriller de 2010 “La deuda”, cuando la carrera de la actriz no había hecho más que empezar. El director le envió el guion poco después de leerlo. “El papel le encajaba a la perfección”, opina. “La conozco desde antes de que se convirtiera en ‘Jessica Chastain’ y la reconocí como un diamante en bruto. Me dejó enormemente impresionado entonces y, mientras leía el guion, no podía dejar de imaginármela a ella en este papel”.
  Chastain albergaba desde hace tiempo el deseo de volver a colaborar con Madden. “Es muy generoso durante el rodaje”, comenta. “Aunque alguien no venga a trabajar más que un día, John hace todo lo posible para que esa persona se sienta parte del equipo. Por eso vino gente como Christine Baranski y Jake Lacy, aunque solo fuera por muy poco tiempo. Cada día, veía a los actores con los que iba a trabajar y sabía que estaría en las mejores manos posibles, porque John lo había orquestado todo”.
  La actriz se dio cuenta enseguida de que Elizabeth Sloane es un personaje único en su especie. “Es increíblemente inteligente, ambiciosa y compulsiva en su deseo de ganar, pero también es muy vulnerable. Era un personaje fantástico para interpretar. El guion era muy inteligente. Nunca trata con condescendencia al espectador. Explica lo que está pasando de forma sencilla y maravillosa”.
  Pero fue la faceta de suspense de la historia lo que más impresionó a Chastain. “Es una historia increíble sobre una mujer que lo arriesga todo para ganar”, explica la actriz. “La película está llena de giros imprevistos. Justo cuando crees que sabes lo que está pasando, hay una gran sorpresa. Me gustan las películas que te mantienen en vilo”.
  Después de años representando los intereses de grandes corporaciones en una prestigiosa firma de lobbying de primera línea, Elizabeth Sloane sorprende a sus compañeros al cambiarse de bando para pasarse a un equipo más movido por la ideología. La nueva firma, Peterson Wyatt, es la antítesis de todo aquello en lo que Sloane ha basado su carrera. “Los ve como un hatajo de hippies come-granola con sandalias de Birkenstock, que no entienden lo que es necesario hacer para sacar adelante cualquier cosa”, comenta Chastain. “Ella está acostumbrada a apoyar la libre empresa, sin pararse a pensar en las consecuencias. No encaja bien allí, aunque lo cierto es que Liz es una rebelde en ambas firmas. No trabaja muy bien en equipo”.
  Pero no es un súbito cambio de punto de vista político ni remordimientos de conciencia lo que la mueve a unirse a la firma más pequeña, señala Chastain, sino que lo que la atrae es la aparente imposibilidad de la tarea. “Liz Sloane es adicta a ganar. A mayor riesgo, mayor es la victoria. Eso es lo que la atrae. El lobby de las armas dona mucho dinero a campañas políticas y a los políticos les preocupa conservar sus escaños, así que ejerce mucha influencia en el Congreso, lo que lo convierte en un adversario formidable para ella. La auténtica cuestión que tratamos aquí es qué está corrupto en nuestro sistema, qué es lo que no funciona en la política estadounidense y por qué el cambio es tan complicado”.
  Chastain promete a los espectadores dos horas absorbentes, vertiginosas y sorprendentes. “Hay mucho más misterio del que acostumbra a verse en dramas políticos. No se sabe muy bien qué motiva a Liz ni qué pretende hacer, porque se guarda muchos ases en la manga, y eso hace que resulte una experiencia emocionante”.
  Mark Strong interpreta al nuevo jefe de Sloane, Rodolfo Schmidt, cuyo enfoque de su causa mutua no podría ser más distinto del de Elizabeth. Schmidt es el genial y recto consejero delegado de una firma especializada de lobbying de Washington, que lucha duro por sus clientes, pero nunca se excede de los límites, ni legales ni éticos. Contratar a Sloane es un riesgo calculado para él, pero está convencido de que ella podría ser la única persona capaz de ganar la lucha por el proyecto de ley Heaton-Harris. Aunque empieza a lamentar su decisión a medida que los métodos de Sloane se van volviendo más extremos, no pierde ni el respeto ni la fascinación que siente por ella.
  “Se trata de un papel en el que la gente tal vez no espere encontrarse a Mark”, opina Madden. “Es el nuevo jefe de Elizabeth, la voz de su conciencia y, hasta cierto punto, su antagonista. En el Reino Unido, Mark tiene reputación de actor entre actores. Suscita una gran admiración en todo el que trabaja con él. En el mundo del cine, creo que a veces lo han encasillado y sin duda lo han infravalorado, así que es genial contar con él en un papel que tiene un estilo completamente distinto. Como contrapunto formidable de Elizabeth, aporta una humanidad indispensable”.
  Chastain, que ya había trabajado con Strong en “La noche más oscura (Zero Dark Thirty)”, comenta: “Mark es inteligente y reflexivo en cuanto a las opciones que elige. A diferencia de Liz, a Rodolfo sí que le importa cómo lo perciben los demás y cómo sus actos les afectan. Las diferencias entre los dos dan como resultado escenas muy interesantes. Ella es como un elefante en una cacharrería y él intenta controlar al elefante”.
  Strong no había leído nunca un guion parecido. “Reunía todos los requisitos, para mi gusto”, asegura. “Es apasionante. Permitía hacerse una buena idea del mundo en que viven todas esas personas. Esos diálogos tan ágiles son un verdadero reto para un actor. En la vida real, hablamos muy rápido. Nuestros pensamientos se pisan unos a otros. Nos interrumpimos mientras hablamos y aun así entendemos exactamente lo que se está diciendo. Leer un guion que parece reproducir la forma que tiene la gente de hablar en una industria en la que pensar rápido y tomar decisiones sobre la marcha son algo absolutamente vital resultaba emocionante”.
  La solidez del reparto fue otro factor que atraía al actor. “Es un elenco de gran calidad”, opina. “Jessica aporta autoridad y credibilidad a su personaje. Los representantes de lobbies son gente muy competente y sumamente funcional. Liz está además casi descontrolada. Rodolfo está ahí como punto de referencia moral, para indicar cuánto se ha desviado ella de su rumbo”.
Madden fichó a un par de actores veteranos célebres, Sam Waterston y John Lithgow, para interpretar otros dos papeles cruciales de la película.
  Como George Dupont, jefe de asuntos gubernamentales de Cole, Kravitz & Waterman, Waterston representa a la industria de los lobbies del sistema. Como socio principal, lo que más le preocupa es atraer a clientes de primera y mejorar la cuenta de resultados. Encuentra irritante el estilo impredecible de Elizabeth Sloane, pero los beneficios que genera son inigualables. Cuando se enfurece por la forma displicente que tiene Sloane de tratar a un posible cliente enormemente importante, eso da pie a la salida de Elizabeth de la compañía.
“John Madden no es precisamente manco, ni tampoco Jessica Chastain, así que, ¿cómo no me iba a interesar?”, proclama Waterston. “El guion resultó apasionante de leer. Nunca me esperaba lo que iba a pasar a continuación. Conozco un poco este mundo, que es parte de lo que hizo que quisiera participar en la película en primer lugar. Hay gente así, personas sumamente ambiciosas a las que les atraen los grandes centros de poder, como Washington. Trabajan hasta el borde del agotamiento y son unos perfeccionistas. Jessica refleja todo eso”.
  Dupont, otrora el protector de Jessica, se convierte en su peor enemigo. “A mi personaje le interesa mucho representar al lobby de las armas”, explica Waterston. “Cuando ella se niega a cooperar, él la llama a capítulo. Ella reacciona abandonando la compañía para pasarse al otro bando. El cliente quiere destruirla, así que Dupont hace todo lo posible por conseguirlo, lo que lo convierte en un tipo bastante repugnante. Lo que sucede a continuación es sumamente intenso”.
  Lithgow interpreta al senador Sperling, un legislador demócrata que lleva mucho tiempo en su cargo y un buen tipo sureño muy apreciado. Su reputación como crítico de la corrupción en la política y en la industria de los lobbies lo hace popular entre el electorado y los medios de comunicación pero, como todos los políticos electos, es vulnerable a las delicadas exigencias que conlleva mantenerse en su cargo. Sperling preside el comité del Senado que investiga a Sloane.
  Lithgow y Madden ya habían trabajado juntos sobre los escenarios hace tres décadas. “Así que me sentí inclinado a aceptar antes incluso de leer el guion”, comenta el actor candidato al Óscar en dos ocasiones. “Y entonces resultó ser una de esas lecturas sumamente amenas, magníficamente escrita, con una trama muy buena y personajes increíbles. Mi papel no deja de mejorar a medida que avanza la película”.
Dice que, la primera vez que lo leyó, dio por hecho que el guion estaba escrito por un guionista alabado y con experiencia. “Luego me enteré de que era el primer guion de Jonathan. Había salido de la nada. Se trata de un tipo que no había estado nunca en Washington D. C. y está abarrotado de detalles que parecen auténticos. Y la forma magistral que tiene la historia de desarrollarse es un verdadero placer. Poco a poco, crees que lo vas pillando, y entonces resulta que aún quedan más sorpresas por llegar”.
  La película también sirvió para reunir a Lithgow y Waterston después de muchos años. “John y yo estuvimos juntos en ‘Hamlet’ hace como siglo y medio”, recuerda Waterston. “Nos conocemos desde hace muchísimo tiempo. Durante el rodaje, trabajamos hasta bien entrada la noche y recordamos tiempos pasados. Eso fue casi tan divertido como lo que sucedía ante las cámaras”.
  Los actores más jóvenes se mostraron encantados de poder disfrutar con las batallitas que contaban Waterston y Lithgow. “Oír hablar a John y Sam de sus primeros tiempos en el teatro fue increíble”, opina Chastain. “Me partía de risa oyendo todas esas historias sobre los viejos tiempos en el mundo del teatro, eso fue algo maravilloso para mí”.
  El variopinto equipo de apoyo de jóvenes con que cuenta Sloane (conocidos durante el rodaje como los golfillos) es un grupo increíblemente unido y leal, para los que su fuente de inspiración es su propio jefe. Sloane se hace especialmente amiga de una joven, Esme Manucharian, interpretada por Gugu Mbatha-Raw. Esme es una representante adjunta de lobby desenvuelta y bien informada de Peterson Wyatt. El control de armas es su tema distintivo. Esme se convierte en la nueva protegida de Elizabeth, pero su papel de rostro reticente de la campaña a favor del proyecto de ley Heaton-Harris abre una brecha entre ellas.
  “Me encanta tener ocasión de trabajar en algo que es actual y a la vez provocador”, apunta Mbatha-Raw. “Esta película te mete de lleno en un mundo que la verdad es que no se ha explorado mucho. Se trata de gente muy lista que demuestra su inteligencia a través del humor y la competencia. Siempre están enzarzados en luchas de ingenio. Una de las cosas que explora la película es el precio de vivir en un entorno tan implacable y movido por la ambición”.
  Esme es lo que algunos llamarían una representante de lobby por convicción, alguien que elige a sus clientes según sus propias creencias personales. “Eso es lo que la distingue de Sloane”, aporta Mbatha-Raw. “A Esme también le interesa mucho ganar, pero es porque tiene un interés personal en lograr que se produzcan cambios”.
  Eso hace que entre en conflicto con Liz, cuyos objetivos no le resultan fáciles de discernir, y empieza a sentirse manipulada. “Podría decirse que es por el bien común, pero ahí radica el dilema moral de la película”, prosigue Mbatha-Raw. “¿Qué precio estás dispuesto a pagar por alcanzar tu meta? Si ganar lo es todo, pero para conseguirlo alienas a toda la gente que se preocupa por ti, ¿merece la pena?”.
Chastain quedó impresionada con la sensibilidad, seriedad y franqueza de la actriz más joven. “Resulta sumamente interesante ver todas esas energías juntas”, opina. “Gugu aporta una especie de vulnerabilidad que deja a Liz muy afectada. Por primera vez, se ve obligada a tener en cuenta los sentimientos de otra persona. Creo que en muchos aspectos Esme es el corazón de la película”.
  Para la actriz Alison Pill el hecho de que, al igual que ella, muchos de los miembros del reparto de la película hubieran pulido sus dotes interpretativas sobre los escenarios fue una gran ventaja. “La película cuenta con muchos actores excelentes de teatro”, apunta. “Al proceder del mundo del teatro, el texto siempre es lo más importante para mí. Si está bien escrito, ya tienes la mitad del trabajo hecho. Cuando cuentas con gente como Sam Waterston, Michael Stuhlbarg y Mark Strong, junto a diálogos de este calibre, se consiguen unos resultados de máximo nivel”.
  Pill interpreta a Jane Molloy, socia junior de Cole, Kravitz & Waterman y protegida de Elizabeth Sloane. Cuando Sloane abandona la empresa, Jane casi ha terminado de pagar sus préstamos universitarios y se está planteando cambiar de carrera. Le perturba la ambigüedad moral del mundo de los lobbies y le incomoda lo poco que le importan a Liz los principios éticos tradicionales. Cuando Liz la invita a unirse al equipo de Peterson Wyatt, Jane sorprende a todos al declinar la oferta.
  “No está nada contenta con lo que hace”, comenta Pill. “Tal vez sea porque Liz no es muy buena jefa. Es exigente y no le preocupa lo más mínimo llamar a alguien a las tres de la madrugada. Jane conoce muchos de los secretos de Liz, lo que da lugar a una relación de amor-odio entre ellas. Su negativa a marcharse con Liz se ve como una auténtica traición”.
  Además de Mbatha-Raw y Pill, el equipo responsable del proyecto eligió a toda una serie de jóvenes talentos en alza para interpretar a los “golfillos”, entre ellos Al Mukadam, Douglas Smith, Grace Lynn Kung, Lucy Owen, Meghann Fahy y Noah Robbins.
  “Somos un equipo de jóvenes representantes de lobbies que seguimos la estela de Liz”, explica Smith, que interpreta a Alex, mano derecha indispensable de Sloane. “Nos creemos sinceramente todo lo que dice y queremos complacerla a toda costa”.
  Clara, interpretada por Fahy, es uno de los jóvenes de Peterson Wyatt que la recibe encantada en su nueva firma. “El equipo es joven, comprometido y lleno de energía”, comenta la actriz. “Creo que resulta alentador y emocionante ver a todos esos jóvenes unirse ante esa titánica presencia que es Elizabeth Sloane”.
  Cuando su antiguo jefe, George Dupont, se vuelve contra Sloane, da rienda suelta a sus colegas para que traten de acabar con ella: el burócrata anodino R. M. Dutton, interpretado por Raoul Bhaneja, y Pat Connors, un representante de lobby luchador y sumamente eficaz que no teme ensuciarse las manos. Connors ha ido ascendiendo poco a poco hasta convertirse en socio de pleno derecho en Cole, Kravitz & Waterman, trabajó durante años con Elizabeth, así que cuando ella se marcha a Peterson Wyatt, él se queda atónito.
  Michael Stuhlbarg, que interpreta a Connors, ha ofrecido una serie de interpretaciones extraordinarias en los últimos años en títulos de prestigio, entre los que se encuentra el papel principal de la cinta de los hermanos Coen “Un tipo serio”, o su interpretación de la leyenda de Hollywood ‘Edward G. Robinson’ en “Trumbo: La lista negra de Hollywood”, así como un sicario no muy profesional en “Siete psicópatas”. “Es un actor fantásticamente sorprendente, que se mete de lleno en todo lo que hace”, explica Madden. “Nunca te da lo que podrías haber esperado o previsto. Es muy emocionante”.
  Connors sigue estrictamente los dictados de la empresa y ha sido generosamente recompensado por ello, pero siempre ha sido plenamente consciente de no estar a la altura de Liz Sloane. “Siente probablemente cierta envidia del talento que tiene ella”, opina Stuhlbarg. “No deja de ser un tipo muy hábil, en la cima de su profesión, pero creo que probablemente tiene que esforzarse más. Por listo que sea, parece que ella siempre lo supera”.
  Stuhlbarg felicita al equipo de casting de la película por conseguir reunir a semejante reparto estelar. “Lograron encontrar no solo a artistas de talento, sino a gente que brilla”, sostiene el actor. “Todo el mundo tiene un enfoque original de quiénes son estos personajes y es fácil ver por qué los eligieron para interpretarlos. Fue maravilloso ver la energía que se generaba entre ellos. Resultó inspirador”.
David Wilson Barnes interpreta a Posner, el recto abogado interno de Peterson Wyatt. “Es otro actor brillante que va a dar mucho que hablar”, opina Madden. “Lucha contra su aversión inicial, para acabar desarrollando una relación complicada con Sloane, mientras lidia con algunos de los ataques que sufre Elizabeth”.
  “Posner es como un microcosmos de la experiencia de la propia película”, observa Wilson-Barnes. “Llega con una opinión, y se marcha entendiendo mucho mejor a Sloane, a quien llega a respetar, pero a la que habría tirado encantado a la basura”.
  La estrella de la serie “Girls”, Jake Lacey, se hizo con el fascinante papel del acompañante Robert Forde. Forde, un solitario con escaso respeto por la autoridad, establece un vínculo insólito con Sloane, pero su relación le hará pasar a ella cierta vergüenza más adelante. “Todos los actores de su edad querían interpretar el papel”, aporta Madden. “Pero después de ver a Jake, ya no podía imaginarme a nadie más en él. Es una presencia fascinante”.
  Lacey dice que se fija en tres cosas cuando busca un proyecto: el guion, el director y el reparto. “Este los tenía todos y además son extraordinarios. Es la historia de un grupo de personas dirigidas por una mujer excepcional, que trabajan por un objetivo común y de cómo lo consiguen. No pretende sermonear; es un drama humano apasionante, que es mucho más interesante que hacer que alguien te diga qué debes pensar”.

  Sabiendo que era probable que EL CASO SLOANE causara cierta controversia, el director John Madden creía que el éxito de la película dependería de la exactitud con la que reflejara el mundo de los lobbies. “Así que hicimos todo lo posible por asegurarnos de que los hechos fueran correctos”, explica. “Localizamos a una compañía de lobbying llamada Glover Park Group, unos veteranos que llevan mucho tiempo en Washington y han asesorado a otros cineastas. Nos ayudaron a ver que algunas de nuestras ideas estaban desfasadas, porque la industria de los lobbies, y las cuestiones éticas que rigen la buena praxis, han tenido que cambiar después de [los escándalos de] Jack Abramoff”.
  Adam Blickstein, del Glover Park Group, una de las principales compañías de comunicaciones estratégicas y asuntos gubernamentales, reunió a un equipo para asesorar a Madden y Perera mientras trabajaban en el guion. “EL CASO SLOANE es un thriller político ejemplar”, opina Blickstein. “Aunque muchas películas se autodenominan thrillers políticos, tienden a ofrecer una visión muy superficial de la política. Esta sin embargo profundiza en cómo se hace la política. Se mete en el proceso de creación y no siempre es algo bonito de ver. Es un proceso intrincado que la mayoría de la gente no entiende. Creo que los espectadores disfrutarán con esta visión a fondo y bien informada”.
  El equipo de Blickstein ayudó a dar forma a la historia con los cineastas y educó al reparto sobre la labor que desempeña un representante de lobby. “Mantuvimos conversaciones muy largas con los actores”, recuerda Blickstein. “Querían hablar de sus papeles y de cómo sería su trayectoria profesional. Resultó interesante guiarlos y demostró cuánto cuidado estaban poniendo en la creación de sus personajes”.
  El representante de lobby da fe de la autenticidad del retrato que ofrece la película de su industria. “EL CASO SLOANE refleja las distintas complejidades y facetas de Washington D. C., ya se trate de algo legislativo que esté sucediendo en el Capitolio o entre bastidores en una sala de juntas corporativa”, explica Blickstein. “Se trata de proceso estructurado, estratégico y que exige hacer campaña, y normalmente cambia al día siguiente. La película muestra la incertidumbre, la agilidad y los fundamentos estratégicos de Washington D. C. de una manera que pocos filmes han hecho jamás”.
  Tanto Jessica Chastain como Gugu Mbatha-Raw realizaron una intensa labor de documentación para preparar sus papeles. “Fui a Washington D. C. y hablé con 11 representantes de lobbies, la mayoría mujeres”, recuerda Chastain. “Quería saber qué obstáculos habían tenido que superar y cómo habían logrado triunfar en ese entorno. Hablé con ellos sobre sus familias y sus vidas personajes. Hablamos de lo que de verdad hace falta para conseguir que se apruebe un proyecto de ley y las distintas formas que hay de conseguirlo. Aprendí quiénes eran las bases y los líderes y cómo funcionan las distintas estrategias para llevar una campaña”.
  La experiencia de poder hablar con representantes de lobbies reales y absorber la atmósfera de Washington resultó inestimable, en opinión de Mbatha-Raw. “Me reuní con un par de firmas de lobbying, entre ellas el Glover Park Group. Quería entender cómo te metías en esa profesión”.
  Los actores que interpretaban al equipo de Sloane en Peterson Wyatt tomaron parte en un “campamento de instrucción sobre lobbies”, impartido por Susan Brophy, directora gerente de Glover Park. Brophy ha trabajado en la Casa Blanca, la embajada de EE. UU. en Portugal y fue la jefa de asuntos corporativos de Time Warner.
  “Susan se pasó un día entero hablando a los actores sobre su propia experiencia”, comenta Thykier. “Explicó cómo cada uno de esos personajes podría haber llegado a Cole, Kravitz & Waterman o a Peterson Wyatt. Queríamos asegurarnos de que todos los que participaban en la película también entendieran ese mundo. ¿Cómo funciona? ¿Cómo es la relación entre los representantes de lobbies y el Capitolio? ¿Cómo es la relación entre los congresistas y los senadores? ¿Cómo se aprueban los proyectos de ley?”.
  Madden era plenamente consciente del reto cinematográfico que representaba el filme y decidió colaborar con el director de fotografía danés Sebastian Blenkov. “Tiene un sentido maravilloso de la dinámica, un ojo brillante para la composición y una gran capacidad para acercarse mucho, física y figuradamente, a la acción y a los actores”, explica Madden. “Trabaja a menudo cámara en mano, utiliza la mínima intervención posible en cuanto al equipo de iluminación y siente la onda de la historia con una precisión enorme. Y los actores confían plenamente en él. La película posee un aspecto físico precioso y una modernidad no forzada”.
  El trabajo de Sebastian Blenkov fue una tremenda inspiración para la segunda colaboración de John Madden con el montador, Alex Berner, con quien ya había trabajado en “La deuda”, protagonizada también por Jessica Chastain. “El enfoque de Alex es al mismo tiempo disciplinado y maravillosamente suelto e instintivo”, aporta Madden. “Estaba completamente atento del trasfondo de significado y emoción. Desarrollamos un estilo particular para esta película, empleando a menudo transiciones de tiempo y espacio bastante atrevidas y que desorientan, que parecían reforzar la sensación en la película de que nada es exactamente lo que parece, y trasladando al espectador a un lugar que no esperaba”.
  Madden se mostró igual de exigente a la hora de asegurarse que la película, que se filmó en Toronto, reproducía fielmente el aspecto físico de Washington D. C. El diseñador de producción Matthew Davies y su equipo se desplazaron en dos ocasiones a la capital para documentarse sobre lugares específicos que después recrearían en Canadá. “Washington es una ciudad elegante y muy completa, en la que residen muchos agentes de poder sumamente importantes”, comenta Davies. “Parece tener lo último en vehículos híbridos de gama alta. La red de metro es casi futurista. El Capitolio está maravillosamente mantenido y todos los edificios de mármol blanco están inmaculados. Queríamos reflejar la abundancia y elegancia de la vida política de Washington D. C.
  “A John le interesaba mucho reflejar la autenticidad y los detalles que dan carácter a las firmas de lobbying político de la Calle K, así como el atractivo de una carrera haciendo lobbying”, prosigue Davies. “Vio tanto el optimismo de la gente que intentaba conseguir cambios reales, como las negociaciones a puerta cerrada que caracterizan el lado más sórdido de la política estadounidense. John es un narrador exquisito y tenía sugerencias muy interesantes, que servían para reforzar sus temas e ideas”.
  Una de las primeras cosas que notó Davies, según comenta, fue el valor que se le daba al espacio, sobre todo en lugares de prestigio. “La vista desde tu ventana es más importante que los metros cuadrados de tu oficina”, señala. “Una vista de la Casa Blanca o el Capitolio o cualquier otro monumento da mucho prestigio. En estas firmas de la vieja escuela, todo está acabado con un nivel de calidad exquisito. Cole, Kravitz & Waterman es un ambiente muy serio y tradicional. Es algo sobrio, pero muy elegantemente montado, con detalles muy finos y una gama lujosa de materiales, que transmite a las visitas una sensación de fuerza y confianza”.
  Por otro lado, Peterson Wyatt es una firma especializada más reciente y pequeña. “Es más orgánica en cuanto a cómo se utilizan sus espacios”, comenta el diseñador. “Parece un ambiente de trabajo más relajado y agradable que Cole, Kravitz & Waterman. Se presta atención al espíritu de colaboración del entorno de trabajo”.
  Davies y su equipo también recrearon una sala de audiencias del Senado en la Universidad de Toronto. “Las salas de audiencias tienen chapados de madera similares, una iluminación similar y están construidas más o menos en la misma época. Era necesario mantener la coherencia con las originales”.
  En línea con el interés por la fidelidad del director, la diseñadora de vestuario Georgina Yarhi creó un guardarropa sumamente personalizado para cada uno de los actores. “Acertó de pleno a la hora de darle el tono a cada personaje, además de ser una colaboradora de primera”, afirma Davies.
  Tras hablarlo con el director, el diseñador de producción y Chastain, Yarhi empezó a elegir un estilo básico para Elizabeth Sloane. “Es una de las principales representantes de lobbies de Washington, donde alguien como ella puede ganar un sueldo de siete cifras”, comenta Yarhi. “Así que gana mucho dinero, pero nunca se molestaría en ir de compras. Así que contrata a una estilista. Dos veces al año, alguien le prepara una selección de ropa de diseño de las tiendas, ella se la prueba y ya no tiene que volver a pensar en ello. Su ropa no es una cuestión de belleza o estética, se trata de ponerse una armadura para hacer frente al mundo”.
  Por consiguiente, la ropa que lleva Sloane hace más hincapié en el poder y el prestigio que el atractivo. “Una mujer como Liz nunca llevaría ropa que resaltara abiertamente su sexualidad, nada de prendas muy escotadas ni faldas demasiado cortas”, señala Yarhi. “Hay mucho negro. Y cuando usamos colores, eran muy fuertes, como el magenta, el verde botella o el fucsia. No hay nada demasiado femenino ni extravagante”.
  Yarhi y Chastain trabajaron con una estilista del departamento de lujo de mujeres de los grandes almacenes más importantes de Toronto. “Fuimos a The Room en Hudson’s Bay e hicimos que una asistente personal de compras nos trajera cosas que encajaban con nuestras especificaciones, tal como haría Elizabeth Sloane”, recuerda la diseñadora de vestuario. “Jessica sabía exactamente lo que quería que llevara su personaje. Eligió marcas muy exclusivas, como relojes de Piaget, vestidos y trajes de Victoria Beckham e Yves St. Laurent, y zapatos de máxima calidad. Los zapatos eran muy importantes. Cuando una mujer se pone unos zapatos de tacón de 12-15 cm, cambia su forma de desenvolverse y Jessica lo hizo magníficamente”.
  La diseñadora estudió el sistema de castas minuciosamente codificado de Washington D.C. y descubrió una estricta jerarquía de vestimenta que le resultó muy útil para definir visualmente a los personajes. “Cole, Kravitz & Waterman es una compañía del sistema de la vieja escuela, mientras que Peterson Wyatt es una joven firma especializada”, observa. “En la compañía perteneciente al sistema, todos los hombres llevan ropa conservadora y cara. No hay muchas corbatas llamativas ni ropa que pretenda decir algo. Todo es trajes serios, camisas blancas, tal vez con una raya muy sutil. Cuando llegas a la segunda empresa, todo el mundo es un poco más relajado, pero nadie va a trabajar vestido con ropa informal. En Peterson Wyatt, hay 10 representantes de lobbies más jóvenes. No podrían permitirse comprar donde compra Elizabeth Sloane. Las mujeres comprarían en sitios como Ann Taylor. Los hombres puede que vayan a J. Crew y, si pueden permitírselo, a Brooks Brothers. Rodolfo, el dueño de la firma especializada, tiene unos cuantos trajes, pero podría ser un poco menos formal, así que optamos por blazers y vaqueros oscuros de un corte excelente”.
  La última colaboración de la película fue entre John Madden y el compositor de la banda sonora, Max Richter. “Soy un gran admirador del trabajo de Max”, afirma Madden. “Es un compositor serio y prolífico por derecho propio, que se siente igualmente a gusto con grandes composiciones conceptuales, como la ópera y el ballet, pero que también encuentra tiempo para aportar su enorme talento a las bandas sonoras de películas. EL CASO SLOANE no es una película especialmente sencilla a la que poner música, plantea todo un reto para el compositor, que necesita buscar la forma de llegar al particular pulso de su protagonista central. La excepcional manera en que lo hizo Max, mediante esa composición orquestal minimalista con un vocabulario electrónico, fue una forma genial de ocupar un espacio extraño, aprovechando el impulso adictivo de la inquieta mente de Elizabeth y la creciente presión emocional de su gradual descenso al vacío. Es una partitura preciosa e impactante”.
  El resultado final de todos esos esfuerzos es un drama de personajes emocionante y creíble sobre una mujer a punto de hacer frente a su pasión por ganar, su ambición y su lugar en el mundo, según Kris Thykier. “Sigue su evolución, mientras intenta que el proyecto de ley salga adelante en el Senado, y lo que eso hace a su vida personal y a la gente que la rodea. ¿Se aprobará el proyecto de ley? ¿Conseguirán bajarle los humos? La forma que tiene la historia de resolverse es increíblemente satisfactoria y el camino que sigue hasta llegar allí resulta tremendamente ameno”.

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